Por: Lic. Diana Milena Rdz de León.
PROYECCION A 5 AÑOS
Dormir mal acarrea muchos problemas durante el día…...
Llegas a casa, has tenido un duro día, cenas algo, estiras un poco tu entumecido cuerpo y te vas a la cama, pero no hay manera de desconectarse y el sueño no llega.
Intenta con alguno de estos trucos:
- Aleja ese reloj con dígitos luminosos que tienes en el buró. Además de darte la impresión de que la noche no dura nada, la luz de su pantalla puede desvelarte si tienes el sueño ligero.
- Pon el radio con la aguja entre dos estaciones, con el volumen muy bajo para que tengas un sonido uniforme de fondo adormecedor. El mismo efecto lo puedes conseguir en verano con un ventilador eléctrico. Hay investigaciones que demuestran que un nivel constante de ruido suave y uniforme produce somnolencia.
- Tómate un vaso de leche o cereal por la noche. Un plato de pasta también puede ayudar por su contenido en triptófano, que deriva en serotonina productora de sueño.
- Procura tender tu cama con sábanas de color suave y uniforme, como azules o verdes claros.
- Haz unos estiramientos antes de meterte a la cama, moviéndote pausadamente y sin forzar.
Sportlife.
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viernes, 20 de febrero de 2009
jueves, 19 de febrero de 2009
¿YA TOMASTE TU DOSIS DE RISA?
Por: Lic. Diana Milena Rdz de León.
La risa es una actividad muy sana. Un ataque de risa duplica la cantidad de aire que entra por los pulmones, con lo que mejora la capacidad pulmonar y expulsa las toxinas. El corazón trabaja más rápido y se regula la presión sanguínea. Los huesos de la columna vertebral se estiran hasta dos centímetros. Además, gracias a la vibración que provoca la risa en la cara, se despeja la nariz, se mejora el olfato y la audición.
Reír también facilita la digestión y ayuda a reducir los ácidos grasos y eliminar toxinas. Para estar en buena condición física y psíquica hay que reírse 30 veces por día, pero hay diferentes “modalidades”, que dependen de la vocal, con beneficios distintos:
Ja, provoca vibración en la zona abdominal, genital y en el vientre, libera la energía del riñón y del sistema óseo.
Je, libera la energía del hígado, de la vesícula biliar y de todo el tejido muscular.
Ji, produce una vibración en la zona del cuello y actúa sobre el tiroides. También libera energía del corazón y del intestino delgado.
Jo, provoca vibración en la cabeza y libera el estómago.
Ju, trabaja sobre la zona pulmonar y libera energía del intestino grueso.
Sportlife.
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La risa es una actividad muy sana. Un ataque de risa duplica la cantidad de aire que entra por los pulmones, con lo que mejora la capacidad pulmonar y expulsa las toxinas. El corazón trabaja más rápido y se regula la presión sanguínea. Los huesos de la columna vertebral se estiran hasta dos centímetros. Además, gracias a la vibración que provoca la risa en la cara, se despeja la nariz, se mejora el olfato y la audición.
Reír también facilita la digestión y ayuda a reducir los ácidos grasos y eliminar toxinas. Para estar en buena condición física y psíquica hay que reírse 30 veces por día, pero hay diferentes “modalidades”, que dependen de la vocal, con beneficios distintos:
Ja, provoca vibración en la zona abdominal, genital y en el vientre, libera la energía del riñón y del sistema óseo.
Je, libera la energía del hígado, de la vesícula biliar y de todo el tejido muscular.
Ji, produce una vibración en la zona del cuello y actúa sobre el tiroides. También libera energía del corazón y del intestino delgado.
Jo, provoca vibración en la cabeza y libera el estómago.
Ju, trabaja sobre la zona pulmonar y libera energía del intestino grueso.
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miércoles, 18 de febrero de 2009
REDUCE TU CINTURA
Por: Lic. Diana Milena Rdz de León.
Si pensabas que para disminuir el diámetro de tu cintura bastaría con un poco de movimiento de vez en cuando puede que estés equivocado. Curiosamente el primer lugar en el que se acumula la grasa corporal es uno de los últimos en deshacerse de ella. Hacer que desaparezca no es más que cuestión de tiempo y un poco de voluntad. Esa grasa que se esconde bajo tu ombligo no apareció de golpe, habitualmente es fruto de la ralentización del metabolismo que ocurre a partir de los “veintitantos”. Lo anterior hace que tu cuerpo consuma menos energía (y queme menos grasa).
En unos cuantos años, de cinco a diez desde que tu metabolismo empieza a declinar, esta desaceleración va formando una antiestética reserva justo encima del cinturón. Para luchar contra esto no te olvides de:
CUIDAR TU ALIMENTACIÓN. Como regla no ingieras más de un gramo de grasa por cada kilo de peso corporal al día. Si pesas 80 kg, ya sabes, no te pases de los 80 g de lípidos diario.
EJERCITARTE ADECUADAMENTE. Le sacarás más provecho a los ejercicios de larga duración con intensidad moderada (aeróbicos) que a los de alta intensidad, que además de dejarte “hecho polvo” no se pueden mantener por largo tiempo. Corre, pedalea, patina, camina o nada a un nivel tal que te cueste pero te permita mantener una conversación durante al menos una hora por sesión. Vas a quemar más grasa.
FORTALECE TUS ABDOMINALES. La panza nace, entre otras razones, porque la pared abdominal está más laxa de lo que debería y porque los músculos de esa zona ceden ante la presión del volumen que han de contener. Haz una buena sesión de abdominales. Los clásicos encogimientos o “crunch” te irán bien.
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En unos cuantos años, de cinco a diez desde que tu metabolismo empieza a declinar, esta desaceleración va formando una antiestética reserva justo encima del cinturón. Para luchar contra esto no te olvides de:
CUIDAR TU ALIMENTACIÓN. Como regla no ingieras más de un gramo de grasa por cada kilo de peso corporal al día. Si pesas 80 kg, ya sabes, no te pases de los 80 g de lípidos diario.
EJERCITARTE ADECUADAMENTE. Le sacarás más provecho a los ejercicios de larga duración con intensidad moderada (aeróbicos) que a los de alta intensidad, que además de dejarte “hecho polvo” no se pueden mantener por largo tiempo. Corre, pedalea, patina, camina o nada a un nivel tal que te cueste pero te permita mantener una conversación durante al menos una hora por sesión. Vas a quemar más grasa.
FORTALECE TUS ABDOMINALES. La panza nace, entre otras razones, porque la pared abdominal está más laxa de lo que debería y porque los músculos de esa zona ceden ante la presión del volumen que han de contener. Haz una buena sesión de abdominales. Los clásicos encogimientos o “crunch” te irán bien.
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lunes, 26 de enero de 2009
QUEMAR O NO QUEMAR GRASA
Por: Lic. Diana Milena Rdz de León.
Muchas personas se preguntan cuánta energía gastan a lo largo del día. La clave para mantener, perder o ganar peso está precisamente en conocer esa cifra.
Toma menos calorías de las que quemas y adelgazarás, toma más y aumentarás de peso. La tabla que incluimos expresa el gasto metabólico basal aproximado por día, que es lo que tu cuerpo quema por el simple hecho de estar vivo durante 24 horas. Multiplica por 1.5 si tienes un trabajo de “oficina” y por 2 si tu trabajo es algo más activo.
Añade a esto las calorías que consumes con el deporte que practiques y ya tienes el número mágico. Ten en cuenta que por encima de los 30 años tu consumo metabólico será entre un 2 y un 8% menor.
De 18 a 30 años:
58 kg – 1, 570 kcal
65 kg – 1, 680 kcal
70 kg – 1, 750 kcal
76 kg – 1, 850 kcal
85 kg – 1, 970 kcal
90 kg – 2, 050 kcal
100 kg – 2, 200 kcal.
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Muchas personas se preguntan cuánta energía gastan a lo largo del día. La clave para mantener, perder o ganar peso está precisamente en conocer esa cifra.
Toma menos calorías de las que quemas y adelgazarás, toma más y aumentarás de peso. La tabla que incluimos expresa el gasto metabólico basal aproximado por día, que es lo que tu cuerpo quema por el simple hecho de estar vivo durante 24 horas. Multiplica por 1.5 si tienes un trabajo de “oficina” y por 2 si tu trabajo es algo más activo.
Añade a esto las calorías que consumes con el deporte que practiques y ya tienes el número mágico. Ten en cuenta que por encima de los 30 años tu consumo metabólico será entre un 2 y un 8% menor.
De 18 a 30 años:
58 kg – 1, 570 kcal
65 kg – 1, 680 kcal
70 kg – 1, 750 kcal
76 kg – 1, 850 kcal
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miércoles, 21 de enero de 2009
CUANDO DESAYUNAR? ... ANTES O DESPUES DE ENTRENAR!
Por: Lic. Diana Milena Rdz de León.
Si eres de los que practican algo de ejercicio por las mañanas debes saber que es mejor que dejes el desayuno para después, siempre y cuando tu actividad no se prolongue por más de una hora y sea de intensidad moderada.
Durante el ejercicio el cuerpo ha de redirigir el flujo sanguíneo de los músculos al estómago, por lo que el alimento que tomes no será digerido a tiempo para aportarte energía en un entrenamiento hecho a continuación.
Tiene más importancia lo que tomaste de cena.
La actividad intensa consume hidratos de carbono, por eso si vas hacer deporte por la mañana debes tomar una cena rica en estos nutrientes (pasta, arroz, verduras, fruta…). Después del ejercicio puedes tomar hidratos de carbono con proteínas, para mantener y recuperar el músculo, además de eliminar la preocupación de que te esforzarás en seguida.
Lic. Diana Milena Rdz de León.
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Durante el ejercicio el cuerpo ha de redirigir el flujo sanguíneo de los músculos al estómago, por lo que el alimento que tomes no será digerido a tiempo para aportarte energía en un entrenamiento hecho a continuación.
Tiene más importancia lo que tomaste de cena.
La actividad intensa consume hidratos de carbono, por eso si vas hacer deporte por la mañana debes tomar una cena rica en estos nutrientes (pasta, arroz, verduras, fruta…). Después del ejercicio puedes tomar hidratos de carbono con proteínas, para mantener y recuperar el músculo, además de eliminar la preocupación de que te esforzarás en seguida.
Lic. Diana Milena Rdz de León.
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martes, 20 de enero de 2009
CANOLA, ACEITE COMESTIBLE HECHO A LA MEDIDA.
Por: Lic. Diana Milena Rdz de León.
El mejoramiento genético ha permitido obtener este producto que, junto con el tradicional aceite de oliva, es una de las grasas más saludables que el ser humano puede incorporar en su dieta.
¿Los motivos? Ayuda a controlar los niveles de colesterol en sangre y disminuye el riesgo de padecer infartos.
Las grasas suelen considerarse “villanas” en la nutrición debido a que por largo tiempo se les ha señalado, junto con los hidratos de carbono, como responsables de obesidad, altos niveles de colesterol, ateroesclerosis (endurecimiento de las paredes de venas y arterias), infartos (muerte de tejidos en corazón o cerebro por falta de suministro sanguíneo) y diabetes mellitus (altos niveles de azúcar en sangre por baja producción de insulina o mal aprovechamiento de dicha hormona), es decir, enfermedades que desencadenan importante número de hospitalizaciones y defunciones. Sin embargo, el mejor conocimiento de la nutrición humana nos ha llevado a reconsiderar el valor de estos productos para lograr una alimentación balanceada, debido a que proporcionan energía, intervienen en la regulación de la temperatura del cuerpo, forman parte importante de las estructuras celulares (como las vigas de un edificio), ayudan a crear hormonas y contribuyen a la asimilación de las vitaminas liposolubles o solubles en grasa (A, D y E).
En este sentido, especialistas en Medicina y Nutrición enfatizan que los aceites no son “mala comida”, sino que se deben consumir diariamente, aunque en pequeñas cantidades, junto con vitaminas, minerales, proteínas e hidratos de carbono para que nuestro organismo funcione de manera adecuada. En contraparte, aseguran que el origen de los problemas de salud ya mencionados no se debe al consumo de un solo producto, sino a dietas inadecuadas que se combinan con baja actividad física, estrés y características genéticas del individuo.
Más aún, es sabido que la salud circulatoria puede mejorar notablemente gracias al consumo regular de algunos aceites de origen vegetal, como es el caso del de canola, debido a que su constitución química posee varias sustancias que el organismo no puede producir por cuenta propia y que le ayudan a prevenir graves enfermedades.
La canola es una variedad vegetal que se obtuvo a través del mejoramiento genético de la colza, planta que forma parte de la familia Brassica junto con la col, coliflor, brócoli, nabo y rábano. La colza ha sido empleada por numerosas culturas desde hace varios miles de años, pues las evidencias antropológicas muestran que diversas civilizaciones en Asia y Europa la utilizaban para fabricar combustible para lámparas y, de manera más discreta, como alimento para ganado o ingrediente para cocinar.
El desarrollo de las máquinas a vapor, en el siglo XVIII, favoreció su cultivo en cuanto se descubrió que el aceite que se obtiene al triturar sus semillas era el mejor lubricante que existía en ese entonces para proteger a las piezas metálicas del desgaste. De esta manera, su uso dentro de la industria se extendió hasta la finalización de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), pues comenzó a sustituirse por productos derivados del petróleo.
Una de las naciones con mayor producción de este vegetal, Canadá, se dio a la labor de realizar investigaciones para mejorarlo genéticamente e iniciar su explotación masiva con fines de consumo humano, pues tanto la semilla como otras partes de la planta, por naturaleza, contienen grandes cantidades de glucosinolatos y ácidos eicosenoicos y erúcicos, las cuales son sustancias que además de generar sabor desagradable se han relacionado con desórdenes de tipo nervioso y circulatorio.
El esfuerzo tuvo final feliz durante el decenio 1960-70, cuando se obtuvo una variedad mejorada de esta planta que producía aceite de excelente calidad con índices bajísimos de sustancias tóxicas. Por principio se le denominó colza variedad doble cero, pero años más tarde recibió el nombre canola, mucho más fácil de memorizar y el cual se atribuye a la contracción de la frase canadian oil low acid , es decir, aceite canadiense bajo en ácidos.
Cabe señalar que la canola, como aceite o como pasta que se obtiene de ella, se emplea en la elaboración de dulces, helados, galletas, fórmulas lácteas, jabones, shampoos, detergentes y alimentos balanceados para animales. Asimismo, el cultivo de este vegetal se realiza en aproximadamente 36 países, aunque la producción se concentra en cinco de ellos: China, Canadá, India, Alemania y Francia.
Los lípidos o grasas son sustancias formadas por compuestos químicos más pequeños, los ácidos grasos, que pueden ser de dos tipos: saturados e insaturados. A temperatura ambiente, los primeros suelen permanecer en estado sólido, mientras que los segundos son líquidos y, propiamente, son a los que llamamos aceites.
Las grasas saturadas se encuentran en coco, semilla de palma, carne de res, cerdo y pollo, así como en leche y sus derivados. Su consumo se relaciona con incremento en niveles de colesterol (sustancia que favorece el surgimiento de problemas circulatorios e infartos, es decir, muerte de tejido cerebral o del corazón por taponamiento de vías sanguíneas), por lo que se recomienda que su ingesta sea reducida.
Por su parte, las grasas insaturadas igualmente se dividen en dos tipos: monoinsaturadas, que se encuentran en alimentos como aguacate, aceitunas y cacahuate, y poliinsaturadas, fáciles de obtener a través de aceites de pescado, oliva, linaza, girasol y maíz. Se sabe que el consumo de ambos tipos de grasas insaturadas colabora en la estabilización del colesterol de manera notable y, precisamente, es el aceite de canola el alimento que los posee en mayor cantidad.
En este sentido también se debe señalar que diversos estudios han mostrado que el consumo de aceites insaturados ayuda a mejorar los niveles de azúcar en sangre y mantiene estable la presión arterial, por lo que las personas con diabetes e hipertensión (tensión sanguínea elevada) obtienen beneficios extras al ingerirlos.
Más aún, vale mencionar que existen dos tipos de grasas poliinsaturadas, el ácido graso linoleico (que forma parte de la familia omega 6) y el alfa linolénico (del grupo omega 3), a las que se llama “esenciales” debido a que nuestro cuerpo las necesita para realizar funciones tan importantes como reproducción, crecimiento, visión y salud de la piel, pero no puede fabricarlas por cuenta propia, de modo que debe tomarlas de los alimentos.
El aceite de canola incluye estas sustancias en cantidades muy importantes, tanto así que una persona adulta puede consumir una cucharadita al día (15 mililitros) como aderezo en ensaladas o al preparar sus alimentos, y con ello cubriría casi todas sus necesidades de ácido alfa linolénico (entre el 100% y 80%) y recibiría buen aporte del linoleico (entre el 20 y 25%).
Otros beneficios que puede generar la canola es que facilita la absorción de vitaminas solubles en grasas (A, D, E y K) y otros nutrientes (licopeno y luteína), por lo que el consumo de verduras cocidas con sólo 5 mililitros de aceite garantiza que estos compuestos se digieran y absorban bien. ¿El beneficio? Además de que los vegetales cuentan con mejor sabor, muchas de las sustancias mencionadas ayudan al mantenimiento de tejidos y huesos, además de que previenen el envejecimiento celular y algunos tipos de cáncer (crecimiento de células anormales que forman tumores), es decir, son antioxidantes.
Y ya que hablamos de su influencia en el paladar, cabe señalar que el aceite de canola, gracias a las modificaciones que le dieron origen, tiene sabor muy agradable y no es tan fuerte como su similar obtenido de la colza, ante todo por la ausencia de glucosinolatos, que contienen azufre. Es por ello que puede utilizarse en cantidades moderadas (una cucharada) para freír carnes, saltear legumbres y dar sazón a todo tipo de sopas, sin olvidar la preparación de saludables aderezos.
Ejemplo de esto último es sencilla vinagreta a base de hierbas, que se elabora al mezclar media taza de aceite de canola, media taza de crema agria, tres cucharadas soperas de vinagre de vino tinto, una cucharada cafetera de azúcar, dos cucharadas pequeñas de mostaza Dijón, una cucharadita de cebollín finamente picado, media cucharadita de albahaca seca molida, una cucharadita de ajo en polvo y un cuarto de cucharadita de perejil y tomillo secos molidos. Es exquisita para acompañar todo tipo de verduras y legumbres y, ahora lo sabes, tiene propiedades nutricionales altamente recomendables.
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El mejoramiento genético ha permitido obtener este producto que, junto con el tradicional aceite de oliva, es una de las grasas más saludables que el ser humano puede incorporar en su dieta.
¿Los motivos? Ayuda a controlar los niveles de colesterol en sangre y disminuye el riesgo de padecer infartos.
Las grasas suelen considerarse “villanas” en la nutrición debido a que por largo tiempo se les ha señalado, junto con los hidratos de carbono, como responsables de obesidad, altos niveles de colesterol, ateroesclerosis (endurecimiento de las paredes de venas y arterias), infartos (muerte de tejidos en corazón o cerebro por falta de suministro sanguíneo) y diabetes mellitus (altos niveles de azúcar en sangre por baja producción de insulina o mal aprovechamiento de dicha hormona), es decir, enfermedades que desencadenan importante número de hospitalizaciones y defunciones. Sin embargo, el mejor conocimiento de la nutrición humana nos ha llevado a reconsiderar el valor de estos productos para lograr una alimentación balanceada, debido a que proporcionan energía, intervienen en la regulación de la temperatura del cuerpo, forman parte importante de las estructuras celulares (como las vigas de un edificio), ayudan a crear hormonas y contribuyen a la asimilación de las vitaminas liposolubles o solubles en grasa (A, D y E).
En este sentido, especialistas en Medicina y Nutrición enfatizan que los aceites no son “mala comida”, sino que se deben consumir diariamente, aunque en pequeñas cantidades, junto con vitaminas, minerales, proteínas e hidratos de carbono para que nuestro organismo funcione de manera adecuada. En contraparte, aseguran que el origen de los problemas de salud ya mencionados no se debe al consumo de un solo producto, sino a dietas inadecuadas que se combinan con baja actividad física, estrés y características genéticas del individuo.
Más aún, es sabido que la salud circulatoria puede mejorar notablemente gracias al consumo regular de algunos aceites de origen vegetal, como es el caso del de canola, debido a que su constitución química posee varias sustancias que el organismo no puede producir por cuenta propia y que le ayudan a prevenir graves enfermedades.
La canola es una variedad vegetal que se obtuvo a través del mejoramiento genético de la colza, planta que forma parte de la familia Brassica junto con la col, coliflor, brócoli, nabo y rábano. La colza ha sido empleada por numerosas culturas desde hace varios miles de años, pues las evidencias antropológicas muestran que diversas civilizaciones en Asia y Europa la utilizaban para fabricar combustible para lámparas y, de manera más discreta, como alimento para ganado o ingrediente para cocinar.
El desarrollo de las máquinas a vapor, en el siglo XVIII, favoreció su cultivo en cuanto se descubrió que el aceite que se obtiene al triturar sus semillas era el mejor lubricante que existía en ese entonces para proteger a las piezas metálicas del desgaste. De esta manera, su uso dentro de la industria se extendió hasta la finalización de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), pues comenzó a sustituirse por productos derivados del petróleo.
Una de las naciones con mayor producción de este vegetal, Canadá, se dio a la labor de realizar investigaciones para mejorarlo genéticamente e iniciar su explotación masiva con fines de consumo humano, pues tanto la semilla como otras partes de la planta, por naturaleza, contienen grandes cantidades de glucosinolatos y ácidos eicosenoicos y erúcicos, las cuales son sustancias que además de generar sabor desagradable se han relacionado con desórdenes de tipo nervioso y circulatorio.
El esfuerzo tuvo final feliz durante el decenio 1960-70, cuando se obtuvo una variedad mejorada de esta planta que producía aceite de excelente calidad con índices bajísimos de sustancias tóxicas. Por principio se le denominó colza variedad doble cero, pero años más tarde recibió el nombre canola, mucho más fácil de memorizar y el cual se atribuye a la contracción de la frase canadian oil low acid , es decir, aceite canadiense bajo en ácidos.
Cabe señalar que la canola, como aceite o como pasta que se obtiene de ella, se emplea en la elaboración de dulces, helados, galletas, fórmulas lácteas, jabones, shampoos, detergentes y alimentos balanceados para animales. Asimismo, el cultivo de este vegetal se realiza en aproximadamente 36 países, aunque la producción se concentra en cinco de ellos: China, Canadá, India, Alemania y Francia.
Los lípidos o grasas son sustancias formadas por compuestos químicos más pequeños, los ácidos grasos, que pueden ser de dos tipos: saturados e insaturados. A temperatura ambiente, los primeros suelen permanecer en estado sólido, mientras que los segundos son líquidos y, propiamente, son a los que llamamos aceites.
Las grasas saturadas se encuentran en coco, semilla de palma, carne de res, cerdo y pollo, así como en leche y sus derivados. Su consumo se relaciona con incremento en niveles de colesterol (sustancia que favorece el surgimiento de problemas circulatorios e infartos, es decir, muerte de tejido cerebral o del corazón por taponamiento de vías sanguíneas), por lo que se recomienda que su ingesta sea reducida.
Por su parte, las grasas insaturadas igualmente se dividen en dos tipos: monoinsaturadas, que se encuentran en alimentos como aguacate, aceitunas y cacahuate, y poliinsaturadas, fáciles de obtener a través de aceites de pescado, oliva, linaza, girasol y maíz. Se sabe que el consumo de ambos tipos de grasas insaturadas colabora en la estabilización del colesterol de manera notable y, precisamente, es el aceite de canola el alimento que los posee en mayor cantidad.
En este sentido también se debe señalar que diversos estudios han mostrado que el consumo de aceites insaturados ayuda a mejorar los niveles de azúcar en sangre y mantiene estable la presión arterial, por lo que las personas con diabetes e hipertensión (tensión sanguínea elevada) obtienen beneficios extras al ingerirlos.
Más aún, vale mencionar que existen dos tipos de grasas poliinsaturadas, el ácido graso linoleico (que forma parte de la familia omega 6) y el alfa linolénico (del grupo omega 3), a las que se llama “esenciales” debido a que nuestro cuerpo las necesita para realizar funciones tan importantes como reproducción, crecimiento, visión y salud de la piel, pero no puede fabricarlas por cuenta propia, de modo que debe tomarlas de los alimentos.
El aceite de canola incluye estas sustancias en cantidades muy importantes, tanto así que una persona adulta puede consumir una cucharadita al día (15 mililitros) como aderezo en ensaladas o al preparar sus alimentos, y con ello cubriría casi todas sus necesidades de ácido alfa linolénico (entre el 100% y 80%) y recibiría buen aporte del linoleico (entre el 20 y 25%).
Otros beneficios que puede generar la canola es que facilita la absorción de vitaminas solubles en grasas (A, D, E y K) y otros nutrientes (licopeno y luteína), por lo que el consumo de verduras cocidas con sólo 5 mililitros de aceite garantiza que estos compuestos se digieran y absorban bien. ¿El beneficio? Además de que los vegetales cuentan con mejor sabor, muchas de las sustancias mencionadas ayudan al mantenimiento de tejidos y huesos, además de que previenen el envejecimiento celular y algunos tipos de cáncer (crecimiento de células anormales que forman tumores), es decir, son antioxidantes.
Y ya que hablamos de su influencia en el paladar, cabe señalar que el aceite de canola, gracias a las modificaciones que le dieron origen, tiene sabor muy agradable y no es tan fuerte como su similar obtenido de la colza, ante todo por la ausencia de glucosinolatos, que contienen azufre. Es por ello que puede utilizarse en cantidades moderadas (una cucharada) para freír carnes, saltear legumbres y dar sazón a todo tipo de sopas, sin olvidar la preparación de saludables aderezos.
Ejemplo de esto último es sencilla vinagreta a base de hierbas, que se elabora al mezclar media taza de aceite de canola, media taza de crema agria, tres cucharadas soperas de vinagre de vino tinto, una cucharada cafetera de azúcar, dos cucharadas pequeñas de mostaza Dijón, una cucharadita de cebollín finamente picado, media cucharadita de albahaca seca molida, una cucharadita de ajo en polvo y un cuarto de cucharadita de perejil y tomillo secos molidos. Es exquisita para acompañar todo tipo de verduras y legumbres y, ahora lo sabes, tiene propiedades nutricionales altamente recomendables.
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jueves, 15 de enero de 2009
LA FALTA DE SUEÑO PREDISPONE A CONTRAER RESFRIADOS
Por: Lic. Diana Milena Rdz de León.
Dormir bien también contribuye a prevenir los resfriados. Una persona que duerma menos de siete horas se expone al virus del catarro más común, y entre los menores de 15 años hay más riesgos, según los resultados de un estudio realizado por investigadores de la Universidad Carnegie Mellon, del hospital de Pittsburg y la Universidad de Virginia, de Estados Unidos, publicado en Archives of Internal Medicine, de JAMA.
Durante dos semanas, los investigadores recogieron datos sobre la calidad del sueño de 153 adultos y 150 niños en edades entre 2 y 15 años. Además de registrar el número de horas que durmieron, se les realizaron exámenes para valorar si habían dormido bien, es decir si las horas de sueño habían sido realmente eficientes. A continuación, con el fin de observar su resistencia al catarro, los expusieron al virus.
Cinco días más tarde, registraron datos sobre la aparición de síntomas relacionados con el catarro y muestras de mucosidad nasal. Al cabo de 28 días, se recogió una muestra de sangre para analizar su respuesta inmunitaria ante la presencia del virus.
Los individuos que durmieron menos manifestaron tres veces más los síntomas del resfriado (inflamación de las vías respiratorias superiores: nariz, garganta, tráquea, laringe y oído). También enfermaron más quienes, pese a dormir durante las siete horas recomendadas, no habían tenido buena calidad del sueño.
Los investigadores concluyen que cuando no se aprovechan las horas de sueño se acaban alterando las bases moleculares de la inflamación.
Otros estudios muestran que la falta de sueño también altera el sistema inmune y, por lo tanto, la posibilidad de que el organismo se defienda ante los agentes patógenos.
Dormir en exceso tampoco es beneficioso, pues se asocia a una vida más sedentaria.
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Dormir bien también contribuye a prevenir los resfriados. Una persona que duerma menos de siete horas se expone al virus del catarro más común, y entre los menores de 15 años hay más riesgos, según los resultados de un estudio realizado por investigadores de la Universidad Carnegie Mellon, del hospital de Pittsburg y la Universidad de Virginia, de Estados Unidos, publicado en Archives of Internal Medicine, de JAMA.
Durante dos semanas, los investigadores recogieron datos sobre la calidad del sueño de 153 adultos y 150 niños en edades entre 2 y 15 años. Además de registrar el número de horas que durmieron, se les realizaron exámenes para valorar si habían dormido bien, es decir si las horas de sueño habían sido realmente eficientes. A continuación, con el fin de observar su resistencia al catarro, los expusieron al virus.
Cinco días más tarde, registraron datos sobre la aparición de síntomas relacionados con el catarro y muestras de mucosidad nasal. Al cabo de 28 días, se recogió una muestra de sangre para analizar su respuesta inmunitaria ante la presencia del virus.
Los individuos que durmieron menos manifestaron tres veces más los síntomas del resfriado (inflamación de las vías respiratorias superiores: nariz, garganta, tráquea, laringe y oído). También enfermaron más quienes, pese a dormir durante las siete horas recomendadas, no habían tenido buena calidad del sueño.
Los investigadores concluyen que cuando no se aprovechan las horas de sueño se acaban alterando las bases moleculares de la inflamación.
Otros estudios muestran que la falta de sueño también altera el sistema inmune y, por lo tanto, la posibilidad de que el organismo se defienda ante los agentes patógenos.
Dormir en exceso tampoco es beneficioso, pues se asocia a una vida más sedentaria.
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